La causa profunda de la escisión del PNV: el fracaso del Estatuto como apuesta del PNV y como legitimador del Estado español en Euskadi
reproduce el texto del capítulo 7 del libro de Justo de la Cueva La escisión del PNV. EA, HB, ETA y la deslegitimación del Estado español en Euskadi Sur, Txalaparta, Bilbao, 1988.Digitalizado por ARGALA TALDEA para la RED VASCA ROJA.
7.10. Una voz española discrepa y se celebra un Congreso en Euskadi que reclama el derecho a la autodeterminación.
No todos los españoles se alborozan con el Pacto de Legislatura PNV-PSOE (recuérdese que, estrictamente, el Pacto es entre el Gobierno vasco de Ardanza y el Grupo parlamentario del PSE-PSOE) ni todos creen que es la panacea para el "problema vasco". Algunos expresan esa discrepancia. Pero hay una voz entre esas que merece subrayarse. Por el altavoz que emplea (el Anuario El País 1985) y porque su dueño es un profesor que ha dedicado tiempo y trabajo al conocimiento del problema vasco. Es Fernando Reinares. Ha publicado ya dos libros en los que ha realizado la misma difícil función de compilador consiguiendo unas veces reformulaciones de trabajos anteriores y otras ensayos inéditos de escritores académicos y políticos: Terrorismo y sociedad democrática (Madrid, Akal editor, 1982) y Violencia y política en Euskadi (ya citado en estas páginas). Creemos conveniente reproducir íntegro su artículo, titulado "Euskadi, la paz posible".
"A ojos de cualquier analista, hace ya tiempo que la violencia en Euskadi no depara sino cada vez más muertes y cada menos información. Apremia, por tanto, ordenar lógicamente las cartas que tenemos y elaborar un diagnóstico tentativamente objetivo. Lo que sigue es un análisis, breve y probablemente algo polémico, así como una hipótesis de pacificación.
El protoplasma de ETA es el nacionalismo vasco. De éste incorpora la visión de una profunda crisis en la legitimación del Estado, conflicto neurálgico que revela cómo la violencia contrainstitucional generada en Euskadi es no sólo, pero si ante todo, una cuestión de naturaleza política. De aquí una racional esperanza en las medidas políticas lisonjera espita del civismo o arte de dirimir tensiones sin recurrir a la fuerza.
El objetivo manifiesto de ETA es la independencia del País Vasco, para lo cual recurre la frenética impaciencia de las pistolas. En esa ambición, que no en sus métodos, coincide con el resto de las formaciones abertzales, PNV incluido. Conviene tenerlo presente.
Empero, el independentismo no es compatible con (ni defendible en) la actual plasmación del vigente orden político español. Una eventual independencia reclama, en condiciones de pluralismo y salvo conquista militar o donosa concesión, el ejercicio del derecho a la autodeterminación. Como quiera que éste no es recogido en la redacción del texto constitucional, acaba por configurarse en el epicentro político de la reclamación nacionalista violenta.
El independentismo vasco queda condenado a la zozobra entre una supervivencia ambigua y la clandestinidad. Con ello, el conflicto se beneficia de una sobredosis de intensidad, traducible, cual es el caso, en violencia.
Por otra parte, la adhesión afectiva que suscita ETA en amplios sectores de la sociedad vasca advierte de lo desacertado de una táctica represiva por parte del Gobierno central. Hay otra vía: la regulación o sujección racional del conflicto para canalizar su intensidad y paliar o eliminar su desatada violencia.
La Constitución española de 1978, generoso instrumento de concordia y consenso en el resto del Estado, resulta insuficiente en su actual concreción para regular plenamente el conflicto nacionalista en Euskadi, único lugar donde no obtuvo el refrendo mayoritario de la población. Pese a ello, la propia vertebración de un Estado social y democrático de derecho supuso un paso importante que dio acomodo a otro mayor aún: la aprobación del Estatuto de Gernika. Aquí y ahora, por tanto, la Constitución es matriz irrenunciable de cualquier sensata hipótesis de pacificación.
La regulación del conflicto se revela como acuciante allí donde sus deficiencias albergan una espiral de nuevos e incontrolados enfrentamientos. Al terror añadido por los Comandos Autónomos hay que sumar el emponzoñado y teledirigido gansterismo de los GAL. Y aún es previsible la aparición de facciones todavía más radicalizadas del independentismo euskaldun.
Se despidió 1984 con la expectativa de un pacto de legislatura entre instancias del PNV y del PSE-PSOE. Sin duda, de cuajar, reactivará el diálogo y facilitará la gobernabilidad de Euskadi. Pero no alcanzará el umbral necesario para una efectiva pacificación. La base social de ETA es tal que no basta con su mero aislamiento. De manera que, en las actuales coordenadas, un pacto como aquél amenaza con convertirse en la cómplice institucionalización de la ya inducida e instrumentalizada ambigüedad del Partido Nacionalista Vasco. Y ése es el caldo de cultivo de ETA.
Supuesto que ni puede ni debe hacerse la paz tirando a pacificar, vaya por delante que ninguna alternativa será un mecánico exorcismo del conflicto. Antes bien, el conflicto nacionalista sobrevivirá. Pero bajo ciertos parámetros es factible que lo haga sin violencia.
Una iniciativa de pacificación requiere la reapertura de un proceso negociador entre ETA y el Gobierno español sobre la base de un alto al fuego, el cese de la represión y el compromiso de llevar a cabo el plan, posibilitando las oportunas expectativas de reinserción. En un medio donde la legitimación del Estado tropieza con serias dificultades, los excesos y abusos del poder reflejan casi exclusivamente la faz opresiva de éste. Es precisa la normalización del euskara, la erradicación de la persistente práctica de la tortura y la derogación de la vigente legislación antiterrorista. Del mismo modo, urge un efectivo control sobre los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado para prevenir acciones autónomas e indiscriminadas. ETA, por su parte, incluirá en la tregua acabar con la extorsión, el secuestro y el chantaje. Finalmente, unos y otros establecerán mutuas garantías.
Es así como sería posible la regulación de la vida política en Euskadi, con la incorporación de Herri Batasuna a las instituciones autonómicas y la eclosión de una negociación política entre todos los partidos representados en el Parlamento vasco. Y ello con el fin de alcanzar un acuerdo que, al amparo del artículo 166 de la Constitución y en virtud de lo estipulado en los correspondientes 167 y 168, permita a la Asamblea de la comunidad autónoma vasca elevar al Gobierno central la propuesta de una eventual reforma constitucional que incorpore a los derechos reconocidos el de la libre autodeterminación. Es decir, que sea la propia ciudadanía vasca quien decida qué vinculación desearía mantener, en su caso, con el Estado español. Llegados a este punto, lo relevante no es ya la inmediatez de la consulta –que solicita un momento óptimo para no quebrantar el funcionamiento y estabilidad e las instituciones -, sino el mantenimiento de una voluntad política de resolución pactada del conflicto y la convicción de que su ejercicio impedirá ulteriores autojustificaciones políticas para la lucha armada. En definitiva: el mejor respeto a la Constitución que puede imaginarse es aquel que, lejos de considerarla un pétreo e inmutable fetiche, desarrolla en sus entrañas los argumentos y posibilidades del auténtico contrato social de la conciliación. Es inmoral negar a las fundaciones de la joven democracia española la capacidad para solventar las graves tensiones que laceran el corazón de su sociedad civil" (169).
Insistimos. Que un medio de comunicación español, del calibre de El País, publique en su Anuario un artículo en el que se propone como solución para el "problema vasco" una reforma de la Constitución española que permita reconocer el derecho de autodeterminación es insólito. Choca frontalmente con la política del Gobierno español y está en las antípodas del espíritu del pacto impuesto al PNV.
Lo que es insólito en España es, por el contrario, natural en Euskadi. En el mes de marzo de 1985 el colectivo de sacerdotes vacos (con seglares colaboradores) que edita la revista Herria 2000 Eliza consiguen un éxito excepcional en el desarrollo de una de sus iniciativas. Celebra un "Congreso sobre los Derechos Colectivos de las Naciones Minorizadas de Europa" con sesiones simultáneas en las capitales vascas de Eusakdi Sur (Bilbo, Donostia, Gasteiz, Iruñea) y de Euskadi Norte (Baiona). El Congreso estudia 80 ponencias y multitud de comunicaciones. Participan bretones, corsos, flamencos, sudtiroleses, gallegos, catalanes y vascos. Catedráticos universitrios, juristas, sociólogos, políticos, literatos. Figuras de la talla de Pierre Vilar, Guy Heraud, Franz K. Mayr, etc figuran en el índice de los dos volúmenes de más de 300 páginas cada uno que recogen sólo parte de las ponencias.
Característicamente el Congreso deja enseguida de ser conocido por su nombre oficial, antes citado, y pasa a ser conocido como el "Congreso sobre la Autodeterminación". Y los dos volúmenes publicados llevan el título de Autodeterminación de los pueblos (Un reto para Euskadi y Europa) (Bilbao, Herria 2000 Eliza, 1985).
El documento final del Congreso afirma que:
Se reproducen las de la Carta de las Naciones Unidas, Pactos internacionales relativos a los derechos del hombre, Declaración de Helsinki relativa al derecho de autodeterminación. Se rechaza la interpretación que de esos artículos hacen muchos Estados y, al contrario, se dice:;
… afirmamos que ese derecho pertenece igualmente a los Pueblos minorizados y sin Estado de Europa y demás países del mundo.
Mientras tanto, exigimos que los pueblos privados de Estado propio constituyan en sus respectivos ámbitos una circunscripción electoral estricta dentro del marco europeo, de tal manera que pueda impulsarse más eficazmente el desarrollo de la identidad de cada uno dentro de esa unidad superior.
(Los puntos 10. y 11. son instrumentales. Apoyan la Conferencia de Naciones sin Estado de Europa Occidental a celebrarse en los Países Catalanes y agradecen la ayuda de los que han hecho posible el Congreso). (170)
El documento está fechado en las cinco capitales vascas a 29.3.1985. Es evidente que el punto 7. es una legitimación de la lucha de ETA, entre otras organizaciones armadas europeas que tienen también como objetivo la autodeterminación de sus pueblos. En ese sentido el documento es, según la ley española, apología del terrorismo. Sin embargo, ni la policía ni los tribunales españoles persiguen a sus firmantes. Naturalmente porque no resulta fácil perseguir por apología del terrorismo a gentes como Guy Heraud o el parlamentario flamenco Luyten, p.e.
Añadiremos una última pincelada al tema del Congreso. El profesor Llera realiza una aportación, que se incluye entre las publicadas en el tomo I. Refleja en ella los resultados de sucesivas encuestas por él dirigidas. Uno de ellos es que "el 65% (frente a un 21%) está de acuerdo en que la celebración de un referéndum de autodeterminación podría ser una solución". Resaltaremos que las encuestas realizadas en el conjunto del Estado español (por ejemplo la de Gallup publicada en Tiempo nº 103) repiten el porcentaje (64%) para los vascos y arrojan también mayoría entre los españoles (46%, que significa mayoría absoluta de los que contestan a la pregunta). Parece claro que cuando el PSOE y los poderes fácticos del Estado español se niegan a conceder a los vascos el ejercicio de su derecho de autodeterminación no están respetando ni la voluntad mayoritaria de los vascos ni la voluntad mayoritaria de los españoles. Sino otras voluntades.
El Congreso tuvo amplia repercusión en Euskadi. Que sirvió sin duda a las basas del PNV y a su electorado para recordar que el derecho de autodeterminación no es sólo una locura más de la alternativa KAS sino un principio defendido por muy respetables expertos, académicos, juristas y politólogos occidentales.
Se trata de un ejemplo más de cómo las bases y el electorado del PNV estuvieron, durante todo el proceso que culminó con la escisión sometidas a continuas incitaciones para que contrastaran la práctica "españolista" de sus cúpulas dirigentes con el acervo doctrinal que constituye el capital simbólico del nacionalismo vasco que comparten transmitido de padres a hijos.
Esta tesitura influyó evidentemente en la evolución de los acontecimientos en el seno del PNV. Sólo desde esta perspectiva pueden entenderse situaciones como las que vamos a relatar en el apartado siguiente.
7.11. Aberri Eguna 85: líderes del PNV se reiteran independentistas, Felipe González les riñe y el presidente del EBB le llama "gilipollas".
Los "sucesos" (informativos todos) producidos alrededor del Aberri Eguna de 1985 son un ejemplo esplendoroso de las dificultades que para el PNV supone el pacto de Legislatura con el PSOE, de la persistencia en sus bases del sentimiento independentista y de la necesidad de hacerle concesiones retóricas. Amén de la constante acción polarizadora que sobre el tema ejerce la acción política de HB.
La película de los hechos es sencilla. El domingo 7 de abril de 1985 se celebra el Aberri Eguna, el Día de la Patria Vasca. HB consigue en Pamplona un clamoroso éxito de movilización. Los líderes del PNV, singularmente Garaikoetxea pero también otros, reafirman en los actos organizados por su partido el independentismo del mismo.
Y se desatan las iras españolas en Madrid. Una amarga decepción porque el Pacto histórico no ha curado al PNV de sus veleidades independentistas. Se dan por supuestas las tremebundas reacciones de El Alcazar pero no son sólo los ultraderechistas. Alfonso Ussia arremete en Diario 16 contra Garaikoetxea.
"Carlos Garaikoetxea, guapo, gentil, rico, consorte, propenso a la fiebre y "extranjero" desde anteayer. Como en muchos, el carlismo derrotado le ha llevado a la manipulación de la historia. Del "Por Dios, por la Patria y el rRy" han pasado al "Gora Euzkadi Askatuta", sin saber muy bien cómo ha sido. Pero este nuevo "extranjero", aunque se las dé de fino, no tiene aspecto de inglés, y eso le resta posibilidades.
Nunca tuvo mi tierra vasca un "extranjero" tan débil y quebradizo".
Txiki Benegas hace el lunes 8 unas duras declaraciones contra las manifestaciones de Garaikoetxea favorables a la independencia nacional de Euskadi y a las coincidentes de otros dirigentes del PNV, como el presidente del EBB Insausti. Benegas llega a afirmar que hay peligro de que se rompa el Pacto de Legislatura e ironiza sobre la forma geométrica que adoptará la moneda de la hipotética Euskadi independiente.
El martes 9 Felipe González respalda a Benegas y en unas declaraciones hechas a Radio Popular afirma que:
"cualquier manifestación de independentismo de cualquier zona del territorio nacional es una gran torpeza, por no decir una gran estupidez"
La Agencia EFE se apresura a trasladar estas declaraciones a Insausti. Los diarios del miércoles 10 publican, algunos en titulares, que Insausti ha llamado "gilipollas" a Felipe González y a Benegas. Concretamente lo que Insausti dijo fue:
"En términos castizos las reacciones de González y Benegas me parecen una gilipollez, algo que se sale de lo corriente, y para nosotros constituye una inesperada respuesta".
En estas declaraciones a Efe y en otras que concede a Cambio 16 (nº 700 del 29.4.1985, pag.37) Insausti intenta clarificar la situación:
"Escandalice o no, la independencia de Euskadi siempre será, como ha sido, un objetivo o un sueño para nosotros los nacionalistas. Siempre hemos defendido esa tesis y no hay razón hoy para cambiar"… "No se pueden ahogar los sentimientos de un pueblo si se cree en la independencia, en la unificación de Euskadi con las tres provincias vascofrancesas o en la Europa de los pueblos que el PNV siempre ha defendido".
Sostiene Insausti que el PNV no va a cambiar sus planteamientos ideológicos, después de 90 años de vida "por dar satisfacción al PSOE". Según Efe Insausti
"Rechazó que este tipo de declaraciones a favor de la independencia sean fruto de las crisis por la que atraviesa el PNV y por mantener un pulso, para ver quien es más radical, con el exlehendakari Garaikoetxea".
"Yo soy un viejo militante nacionalista –dijo Insausti –y siempre he defendido estas posiciones, con crisis o sin crisis. No tenemos necesidad e hacer alardes, pero cuando tanto se nos achaca de que somos ambiguos, decimos lo que ya manifestaba nuestro fundador, Sabino Arana, hace 90 años".
Tampoco el PNV, según el presidente del EBB, pretende entablar una disputa con Herri Batasuna, sobre quién es más independentista.
"El concepto de independencia que utilizamos HB y nosotros es el mismo" –dijo Insausti-, pero mi partido nunca utilizará los medios que utilizan ellos para conseguirla".
Insausti no convence demasiado en Madrid. En la sección semanal España en un puño que Fernando Onega publica en la revista Tiempo aparece en el nº 153 (15-21 abril 1985, pag. 16) un titular que dice: "Euskadi: el ‘factor HB’ marca la dialéctica de la independencia. Lucha para quitarle el monopolio". Y hay un apartado de la crónica que, bajo el título "Independentzia" dice:
"La España de los grandes temas sigue, geográficamente, en el norte, en el País Vasco. Los éxitos conseguidos en la lucha contra el terrorismo no fueron acompañados por el progreso de la idea de España en aquel territorio. Al revés: asistimos a un formal retroceso: El Aberri Eguna del 85 ha sido pacifico en la forma, pero estuvo rodeado por la resurrección del ideal de la independencia. Podrá haber habido en su exposición todo el romanticismo que se quiera; toda la utopía que se le quiera poner; pero al votante nacionalista se le recordó que la meta no es España, ni la convivencia con el resto de los pueblos españoles, sino la autodeterminación.
Todo eso no ocurre por un milagro repentino. Hay causas visibles y próximas. La primera es el "factor Herri Batasuna". Jesús Insausti dice: "Compartimos las tesis nacionalistas de HB". Se ha abierto una lucha parra quitarle a Herri Batasuna el posible monopolio del ideal independentista. HB, por tanto, sigue marcando los pasos de la discusión política en Euskadi.
Segunda. La crisis interna del Partido Nacionalista. Como fruto de esa crisis, se abrió una carrera para demostrar quien es más nacionalista; quien lleva más lejos su nacionalismo. Y cuando Garaikoetxea alcanza una cima, Insausti siente la tentación de superarla" (171).
En el mismo número de Tiempo el comentarista Carlos E. Rodríguez, en su sección Confidencial España, dedica un recuadro al tema. Bajo el título Decepción vasca, afirma:
"El éxito de público conseguido por Herri Batasuna con motivo del Aberri Eguna coincide con el crecimiento electoral de esa coalición abertzale. El continuo recurso al término "independencia", tanto por parte de Insausti, presidente oficialista del PNV, como de Carlos Garaikoetxea, se interpreta como un intento de los peneuvistas de frenar el desplazamiento de sus votantes hacia las posiciones radicales de Herri Batasuna, decepcionados por el pacto del PNV con el Partido Socialista" (172).
Recuérdese nuestra insistencia en la difícil situación estratégica del PNV durante el postfranquismo que le obliga a atender a un doble frente simultáneamente: el del Estado español y el interior del complejo ETA/HB. Acabamos de ver cómo en la crisis que le lleva inexorablemente a su escisión el PNV reacciona ante los movimientos del frente interior de HB y cómo ello le reporta inmediatos ataques desde el frente del Estado español. En el próximo apartado vamos a contemplar la situación inversa: cesiones ante el Estado español que le comportan virulentos ataques por parte de HB. El tema: la represión, la violencia estatal española sobre los vascos.
NOTAS AL SUBCAPITULO 7. 10º
(169) Fernando Reinares: "Euskadi, la paz posible", en ANUARIO DEL PAIS 1985, página 75.
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(170) AAVV. Autodetermianción de los pueblos (un reto para Euskadi y Europa) 2 volúmenes, Bilbao, Herria 2000 Eliza, 1986, páginas 324-326 del tomo II.
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NOTAS AL SUBCAPITULO 7. 11º
(171) Fernando Onega: "Independentzia", en TIEMPO n º 153, 15-21 abril 1985, páginas 15 y 16.
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(172) Carlos E. Rodriguez: "Decepción vasca", ibidem página 23.
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